Fiesta Mayor 1964: Imágenes del No-Do de 25 de Enero de 1965

Caracola

Reportaje en el No-DO del 25 de enero de 1965 que recoje imágenes de la Fiesta Mayor de Verdiales de 1964 en la Venta el Túnel. Dura solo un minuto 25 segundos, 55 años después, cada fotograma nos parece imprescindible.

Repasamos la imagen de algunos conocidos fiesteros.

 

José Romero Romero pone el sombrero de flores a su hijo Rafael Romero Anaya. No hay mejor corona ni mayor medalla.

Escuela rural de Los Gámez, en el partido rural de Roalabota,  a un kilómetro aproximadamente de la Venta El Túnel, ese lugar singular donde la Fiesta Mayor de Verdiales encontró su razón de ser.

Antonio «Raicero»   haciendo sonar la caracola que anuncia que la Fiesta se acerca. Antonio era el padre de Paco, alcalde de la Panda Primera de Montes.

Andrés Rivera «Cincorrales», platillero.

Panda de Almogía, entre otros aparecen Manolillo Porras, Juan El Corto, Vicente el Negocio y El Calé

José Gutiérrez y Pepe Mayo.

El Calé, platillero; detrás, con bigote y corbata, José Tovar, hijo del propietario de la Venta del Túnel.

Manolo Porras, guitarrero estilo Almogía .

Gracias a Nuria Martín, Antonio Jesús Ternero y Salvador Pendón, por confirmar el nombre de los fiesteros que aparecen en estas imágenes.

 

Jürgen Schadeberg en la Fiesta Mayor

Jürgen Schadeberg es un fotógrafo sudafricano de origen alemán mundialmente conocido por haber realizado una de las fotos icónicas de Nelson Mandela.

A finales de los años sesenta, después de haber cruzado África de punta a punta más de una vez, decidió «retirarse» en la Costa del Sol, abandonar la fotografía y aprender a pintar.  A pesar de ello, continuó haciendo fotos de fiestas y costumbres populares y algunos paisajes. 

El 28 de diciembre de 1969 Schadeberg se acercó a la Venta del Túnel, un rincón aún hoy existente a las afueras de Málaga en la antigua carretera que va hacia Casabermeja, donde se celebraba la Fiesta Mayor desde principios de los sesenta; allí Schadeberg realizó un impresionante reportaje, del que vamos a ofrecer algunas fotos, imágenes que muestran un mundo ajeno aún a la gran transformación que se estaba produciendo en esos años.

La fuente de las fotografías que aquí se reproducen es un pdf con textos de su esposa Claudia Schadeberg y de Ken Brown que me llega a través de Belén Romero y Sergio Cuesta, una publicación que posiblemente incluye todas las fotos que Schadeberg realizó de la Fiesta Mayor, ya que si bien algunas fueron publicadas en su momento en el libro «España, entonces y ahora», otras se habían mantenido inéditas.

Estoy tratando de localizar la publicación en la que se han impreso,  para poder dar la referencia correcta; he intentado contactar con Schadeberg y su esposa, a quienes visité hace unos años, pero no lo he conseguido, así que agradecería cualquier información sobre este documento con las fotos de Schadeberg.

La localización de los fiesteros que aparecen en las fotos ha ido posible gracias a la colaboración de los lectores en Facebook de Verdiales de Málaga La Canción de la Tierra, especialmente del ya citado Sergio Cuesta, y de Antonio Romero Ponce.

 

Jürgen Schadeberg: Sombreros de flores, espejos y lazos

La presencia del sombrero de flores, cintas y espejos define la Fiesta de Verdiales en los rituales días de las pascuas: Fiesta que en los tiempos oscuros anuncia el renacer de la vida.

En la imagen Juan Medina y José Gutiérrez de los Anaya, padre de Salvori y Antonio Gutiérrez. Esta fotografía fue la elegida para la portada del libro España Antes y Ahora que recoge también fotos de fiestas populares valencianas.

   Jürgen Schadeberg: fotografías de la Fiesta Mayor

La mítica Panda de Rafael Calderón.

Rafael Calderón Portillo, a la derecha agitando la vara de alcalde; tiene enfrente –al violín– a Antonio Vega Tuñón, conocido como El Lagartijo; Martín está a la guitarra, Antonio Cruzado, El Rubio de las Casillas, canta y toca los platillos. Al fondo, con la bandera, están Castelar y Antonio Cobos El Galleta con el pandero; delante de Calderón, con los platillos,  vemos a Joseíto de Pagalbán.

Antonio Cobos El Galleta

Antonio Cobos El Galleta, mítico panderero de la Panda Rafael Calderón. Antonio me contó en 2015 que su profesión era la de cabrero y que solo tocaba el pandero en pascuas, que ni siquiera tenía pandero en casa: tocaba uno que le traía Rafael.

Y cuando le pregunté cómo era posible en esas condiciones haber conseguido tener su toque magistral, me dijo que a él le gustaba desde niño «arrimarse a la fiesta y escuchar», así que solo se le ocurría que «debió ser de eso».

Ese acercarse desde niño es clave en la transmisión de la Fiesta de Verdiales: escuchar, reconocer al maestro, fijarse en él, estar rodeado de fiesteros con los que compartir la fiesta como vida y en los que apoyarse para tratar de dar un paso adelante: la verdadera escuela.; a años luz de la rígida y distante enseñanza de un profesor «titulado»  por instituciones ajenas que la Fiesta nunca conoció ni reconoció.

Panda de Comares con Paco Maroto al violín

Panda de Comares, aparecen Manolo Hornero al laúd, José Mérida El Chato a la guitarra. Y Paco Maroto al violín.  Esta foto adelanta a 1969 la presencia de una panda estilo Comares en la Fiesta Mayor.

   Andrés Rivera "Cincorrales" –es decir "cinco reales"– , levanta su vara de alcalde

Andrés Rivera «Cincorrales», alcalde de la panda estilo almogía y al su lado Pepe Baltasar a los platillos (fumando); frente a él,  José Gutiérrez Suárez al violín y Juan Majallana

La Fiesta Mayor, "día de Fiesta"... aunque no estuviera marcado de rojo en el calendario

La Venta del Túnel tiene por detrás un talud al que de niños nos encaramábamos para ver la Fiesta desde arriba.

La Fiesta Mayor es un «día de Fiesta» que no está marcado de rojo en el calendario. Ese 28 de diciembre se reunían en la Venta del Túnel gran parte de quienes habitaban esa zona de los Montes de Málaga a poniente de la actual autovía Málaga-Las Pedrizas; vecinos de los diseminados de los partidos rurales de Roalabota, Ventalarga o Verdiales, y de cercanos núcleos como Los Pintado, Los Gámez y Pagalbán, o más distantes como Los Anaya.

La difusión de la Fiesta Mayor fue creciente y cada año creció a su vez el número gente que «subía» desde la propia Málaga, hasta provocar el fenómeno de que esta fiesta de los partidos rurales, normalmente rechazada en el medio urbano, haya sido asumida por la propia ciudad como parte su seña de identidad más profunda.

La Fiesta Mayor había sido promocionada por el régimen franquista como uno más de los aspectos «típicos» que hacían de nuestro país diferente… y atractivo por esa diferencia; una estrategia que pronto se dejó de lado para limitarse a la promoción de sol-y-playa. Pero al contrario que otros eventos que en esos años tenían lugar (como las Fiestas de Invierno de Málaga –hípica, regatas, etc) y que pronto desaparecerían, la Fiesta Mayor resistió (y aún resiste) esa tensión entre lo auténtico y su captura apoyada en la fuerza que, desde hace siglos, emana de la Fiesta de Verdiales y sus rituales de profunda raíz campesina.

 Schadeberg fotografía las pandas de verdiales en la Venta del Túnel

Esta es una de las imágenes de Schadeberg que no habían sido publicadas.

¡Arriba la Fiesta!

¡Que siempre por encima de todo quede arriba la Fiesta!


 

 

Acueducto de San Telmo: el monumento que recorre la ciudad de Málaga

¿Te imaginas en una ciudad un monumento más grande que su catedral, más grande que su edificio más grande, un monumento tan, tan grande que no quepa en la ciudad misma? Algo así podríamos imaginar si le dedicamos un poco de la atención que merece al Acueducto de San Telmo de Málaga, una obra de ingeniería hidráulica singular realizada en tiempos de Carlos III por el arquitecto José Martín de Aldehuela, autor -una década más tarde- del majestuoso Puente Nuevo de Ronda.

Son ya 230 años los que han pasado por sus 30 acueductos y 33 puentes, y por las fuentes, arcas y alcubillas que se distribuyen a lo largo de sus casi once kilómetros de recorrido; 230 años y aún ofrece servicio, ya que el Acueducto de San Telmo sigue nutriendo con sus aguas a siete fincas situadas en la parte alta de su recorrido antes de internarse en la ciudad a la que dio de beber, convertido ya (desde 2009) en un monumento con todas las de la ley.

Hoy vamos a recorrer el acueducto de la mano de su actual guarda Javier Aguilar, al que acompaña su padre Enrique Aguilar, guarda mayor honorario, que fue durante 40 años el alcalde de aguas encargado de la distribución y turnos de riego, de que el cauce estuviera en buen estado, incluso de resolver posibles conflictos en los turnos de uso del preciado bien. Javier es hoy el último guarda de esta institución y desde la Asociación de Amigos del Acueducto de San Telmo es una de las voces más comprometidas con la conservación de tan importante patrimonio.

La toma de aguas

El acueducto nace en un azud cerca de la aldea de Los Gámez, en la zona del Pantano del Agujero; el lugar reúne todos los elementos del Locus amoenus, el paisaje natural idealizado: agua que corre, un bosquecillo de ribera con eucaliptos, chopos y un pequeño cañaveral, una cabaña abandonada…lo sentimos como lugar de paseo y a su vez como lugar para una infancia feliz.

El acueducto es básicamente una acequia descubierta que lleva el agua de riego-a su vez fuerza motriz para los molinos ligados al cauce-, y bajo ella, un canal cubierto encargado de llevar el agua potable a la ciudad sedienta, en uso hasta mitad de la década de los años 60.

A corta distancia del nacimiento del cauce está el Arroyo Humaina que es salvado mediante un hermoso puente, la primera obra de envergadura del Acueducto de San Telmo. Llegamos a él desde la glorieta existente en la salida de la A-45 al pantano del Agujero. El puente sobre el Arroyo Humaina tiene cuatro ojos, 75 m. de longitud y 15 m. de altura y por él vemos correr el agua, como si el Acueducto quisiera recordarnos que funcionalidad y belleza no están reñidas y pueden ir de la mano.

Molinos de San Telmo

Seguimos bajando hacia la ciudad hasta encontrar, frente al Jardín Botánico de La Concepción, el puente de Arroyo Hondo (de 45 m. de longitud y 15 m. de altura) y los Molinos de San Telmo, los dos primeros que se construyeron.

Aunque ya no están en uso, se encuentran muy bien conservados; gracias a la amabilidad del propietario del Molino nº 1 pudimos conocer su jardín, donde encontramos acacias, nogales y un almez de gran porte -ya bicentenario- posiblemente el más alto de la ciudad. En el edificio principal, el molino conserva aún la maquinaria que lo movía; al pasar a su patio interior nos impone su presencia una noria de gran tamaño, que por problemas en su eje nunca llegó a entrar en funcionamiento. 

Los Molinos de San Telmo es lugar conocido por senderistas y ciclistas ya que están situados a escasos metros de una de las puertas de entrada al Parque Natural de los Montes de Málaga: el camino de 6,7 kms que lleva al Cortijo del Boticario.

 

Ya en el tramo urbano, en la zona alta de Ciudad Jardín, encontramos la construcción de más envergadura de todo el trazado, el puente sobre el Arroyo Quintana, conocido como Puente de los Once Ojos, de 180 m. de longitud. Ante el peligro de desplome de algunos de sus arcos, el puente fue sometido en 2009 a una necesaria restauración y hoy en día lo podemos contemplar en todo su esplendor: podríamos decir que solo le falta que pase el agua por él; recientemente se están desarrollando obras de ajardinamiento y acondicionamiento con la creación de paseos perimetrales.

El Acueducto de San Telmo mantiene su presencia en la zona de Mangas Verdes con puentes sobre el Arroyo Melero y el Arroyo Aceitero, pero conforme se adentra en el núcleo urbano sus elementos se hacen menos visibles.

El Acueducto entonces parece invitar a buscar su traza y a (re)conocerlo, puerta abierta para conocer la ciudad que cruza, invitación a valorar todos esos elementos que, como un esqueleto, están bajo su piel, casi ocultos pero ofreciendo sostén. Ese sería el caso del Arca principal, en la confluencia de calle Postigos y Carrera de Capuchinos, con su carácter de capilla callejera, o de la fuente de calle Los Cristos, de 1790 que pide atención y exige agua. El recorrido de una a otra nos hace pasar por la Iglesia de San Felipe, del siglo XVIII, y el Museo del Vidrio y Cristal, ambos merecedores de una detenida visita. Y junto a la fuente, en calle Ollerías, el , custodio del Legado Temboury que atesora una importante colección de fotografías antiguas del Acueducto.

Quizá porque admite tantos puntos de vista, tantas formas de mirar, quizá porque además de bello es útil, el Acueducto de San Telmo es el gran desconocido; aprendiendo a conocerlo y reconocerlo contribuiremos a su conservación.

 

 

 


Este reportaje se publicó originalmente el 29 de abril de 2014 en la web de vacaciones-españa.es